“Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Jn VIII, 32)
¿Cuál es esa verdad, Señor? Durante años me lo he preguntado. No hablabas, me parece, de un “conjunto de verdades” o de una verdad cuyo enunciado requiere de sesudas explicaciones. Dios es simple y, al mismo tiempo, infinito.
Creo que “la” verdad es esta: Dios es Amor. Creo que dentro de esta verdad se esconde toda tu doctrina y la explicación de todo el universo, la razón de nuestras vidas – quienes somos, de donde venimos, hacia adonde vamos – y en definitiva, la respuesta a todas las interrogantes que nosotros, simples criaturas, nos hacemos porque “nos creaste Señor para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descansa en Ti” (S. Agustin, Confesiones cap. I) También esconde la fórmula para hacer de este un mundo mejor, una civilización del Amor, basada en la doctrina que nos diste a través de Tu Hijo, Jesucristo, y que una y otra vez los hombres, heridos por el pecado original, desoímos, buscando respuestas cada vez más complicadas, que no dan la felicidad.
“El Amor a Dios y al prójimo es el distintivo del Cristiano” (Juan Pablo II, Santo Rosario, segundo misterio de gozo)
Si atendemos y reflexionamos profundamente en esa verdad, es un mar sin orillas.
Dios es Amor. Dios creo el universo de la nada. Por lo tanto, lo que guía el universo y todo cuanto lo contiene es el Amor de Dios. La historia del Universo, el material y el espiritual (ángeles, arcángeles, potestades, y todos los seres incorpóreos) es la historia de Dios, que es Amor, y del Amor de Dios, que crea (Dios Padre) se da a conocer por la Palabra (Dios hijo) y quiere inspirar nuestras acciones para que se encaminen a Dios (Dios Espíritu Santo)
Si Dios es Amor, y es el principio y fin de todo lo creado, y nos creó para que descansemos en El, la felicidad está en responder al Amor de Dios.
Por eso todo lo que se contrapone al Amor de Dios se contrapone a nuestra felicidad. Por eso las guerras y la violencia nos hacen desdichados. Por eso el divorcio, rompimiento de una comunidad de Amor que incluye a otros seres creados por Dios, que son los hijos, nos aleja de la felicidad. Por eso cualquier acción o pensamiento nuestro originado del egoísmo (desorden que lleva a ponernos en primer lugar) genera infelicidad. Por eso la búsqueda del placer y el hedonismo dejan un vacío en nuestra alma. Porque Dios es Amor, y Él nos creó a imagen y semejanza suya. Nos creo para ser Amados de Él y para Amarlo a Él, y por Él, a todos los seres humanos.
Dios es Amor, y en el Amor está nuestra libertad. Amor que es don de sí mismo, no un sentimiento. El sentimiento es efecto y no origen del Amor, hasta el punto que se puede Amar y no “sentir”. Cristo en la cruz nos Ama infinitamente, y no es un sentimiento ni menos un sentimentalismo. El amor con minúscula, basado en los sentidos y en la atracción hacia nosotros mismos (para buscar y satisfacer nuestro placer) no hace feliz ni nos libera: al revés, nos esclaviza. Partimos buscándonos en nuestros placeres para terminar esclavos de ellos.
Dios es Amor, y el Amor es más fuerte que el pecado, más fuerte que la muerte, más fuerte que el odio, más fuerte que la violencia, más fuerte que todo. En el mundo de hoy, pareciera que es el dinero, el poder y el hedonismo quien lo mueve. Pero es el Amor de Dios al mundo lo que hace que siga existiendo, el Amor de Dios al mundo, al que nunca cesa de darle otra oportunidad para conocerle a Él, dejarse Amar por Él y responder a ese primer Amor: Dios nos amó primero, y eso nos hace libres.
Saber que Dios me Ama me libera de mis angustias y preocupaciones. Saber que Dios me Ama me hace superar los sufrimientos y contrariedades, y aceptarlos como voluntad suya, que los permite por eso, porque me Ama. Saber que Quien creó el Cielo y la Tierra me Ama a mí, personalmente, y que me creó por Amor y que quiere materializar ese Amor en mí, durante todo el tiempo de vida, y que quiere que luego de mi vida en la tierra esté con Él para siempre, me libera de la esclavitud de mí mismo (mis egoísmos, mis miedos, mis ambiciones, mis frustraciones) Los santos todos han sido felices. Los santos todos han sufrido mucho sin dejar de ser felices. Los santos todos han sido libres. Los santos todos han sido Amados y han Amado a Dios, y esa fue la fuente de su alegría, de su fuerza, de su coraje.
Si Dios está conmigo, ¿quién contra mí? (San Pablo)
¿Qué me falta, mi Dios para ser libre por tu Amor? ¿Qué me falta para Amarte?
Fe en que esta verdad, infinitamente simple y profunda, es verdad, y hacer de esa Fe el fundamento de mi vida.
Esperanza en que Dios quiere darme su Amor y quiere que le Ame, y pondrá los medios para que sea posible, solo con que yo lo deje hacer. Por el pecado original, por mi naturaleza caída, no soy capaz de Amar a Dios, pero espero en Él y él me dará su gracia para romper las cadenas de esas limitaciones. Espero en Su ayuda porque sé que me quiere.
Y junto a la Fe y la Esperanza, la Caridad misma. Esa que yo, de mi propio ser, soy incapaz de producir, pero que Dios me entrega y hace crecer en mí, porque es la única forma en que pueda recibir su Amor y pueda Amarlo. Caridad que me hace libre de todos mis miedos que agitan mi agresividad. Caridad que me da la paz, fruto del Amor que recibo de Dios y de mi libertad, liberado de todo lo que me oprime, me angustia, me quita la paz. El deseo de las cosas que quiero tener y no tengo, de la vida que quiero vivir y no vivo, de la envidia por ver otros que viven o tienen eso que quisiera... todo eso me quita la paz. Todo eso me aleja del Amor de Dios. Por eso, la verdad más sublime es que Dios es Amor, me hizo por Amor y por Amor quiere amarme y que le Ame, dejando atrás para siempre todo aquello que me hace frágil como persona.
Dios, a través de Cristo, revela el hombre al hombre (Encíclica Redemptoris Homini, Juan Pablo II, 1) y le muestra su llamado, su vocación: estamos llamados a ser Hijos de Dios y a construir la civilización del Amor.
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domingo, 31 de agosto de 2008
martes, 18 de marzo de 2008
La diferencia entre el cristianismo y las demas religiones
Buda fue una persona que desarrolló una forma de pensar, que con el tiempo derivó en una religión. Otro tanto pasó con Confucio. La mayoría de las religiones asiáticas tienen un mentor. La mayoría de ellas son de tipo “panteísta”, es decir, creen en una verdad que, al ser la suma de las verdades es superior en sí misma a sus sumandos. En algunos casos, es un estado de la persona (Nirvana). En otros casos, un incorporarse a una universalidad que incluye a todo pero a la vez es distinto de todo porque es todo. No hay un Dios personal, aunque sí una noción de universalidad distinta de sus elementos.
Mahoma fue una persona que se erigió en Profeta de Dios. Dijo que recibió la doctrina que predica directamente del Arcángel San Gabriel, la cual plasmó en el Corán. Predica la sumisión (Islam) de la persona a Dios. Cree por tanto en Dios, el mismo de los judíos y de los cristianos. Creen que Jesucristo fue también un Profeta (Jeschua ben Miryam) y que Dios lo resucitó de entre los muertos, pero lo consideran inferior como tal a Mahoma.
Los judíos no tuvieron un hombre como origen de su religión, sino Dios mismo, Yahvé de los Ejércitos, que se reveló a su pueblo y le escogió dentro de todos los pueblos de la Tierra para que mantuviera las creencias que entregó al más importante de sus hijos, Moisés. El único ser humano que hablaba con Dios cara a cara, y que escribió o inspiró directamente los 5 primeros libros del Antiguo Testamento, el Pentateuco de los cristianos y la Toráh de los judíos.
El cristianismo se basa en cambio en Cristo, y es la única de las religiones de la Tierra que manifiesta que su Fundador es Dios mismo hecho hombre. Verdadero Dios y verdadero hombre, un personaje histórico que vino al mundo a salvarlo de su pecado original y a revelarle a Dios uno y trino. La diferencia esencial está en eso, porque nuestra Fe dice que ese Jesucristo, crucificado y resucitado, es Dios mismo.
Ninguna otra religión pone a Dios mismo como hombre. O es a través de un hombre normal, o es directamente a través de Dios. Jesucristo aparece así como un ser casi mitológico, sacado del Olimpo, mitad Dios y mitad hombre. Solo que no es así. No es “mitad” hombre o Dios: es totalmente Dios y totalmente hombre. Es más: la religión cristiana es la única en la cual su Fundador dice expresamente de sí mismo que es Dios hecho hombre (el Mesías, el Ungido, que aún esperan los judíos). Fue por esa razón y no otra por la que fue condenado a la Cruz.
Dos de las primeras grandes herejías por las que pasó el cristianismo se refirieron precisamente a ese aspecto. Arrio (280-336) fue un sacerdote de Alejandría que negaba que Cristo fuese Dios. El y sus seguidores (los arrianos) creían que Cristo era un demiurgo, una especie de divinidad intermedia, pero no Dios mismo. Eutiques (378-454), por su parte, manifestaba lo contrario: que en Cristo había solo una naturaleza, la divina (monofisismo). Ambas herejías fueron rápidamente condenadas por la Iglesia, pero a pesar de los siglos que han pasado desde entonces, han resurgido bajo diversas filosofías y creencias.
En los años 60 – y hasta ahora – volvió con fuerza la idea del Cristo-hombre, una especie de revolucionario del Siglo I, un adelantado de los hippies. Luego fue el fenómeno de Jesucristo “súper estrella” que no era ni revolucionario ni hippie, pero desde luego un hombre desconcertante que se creía “todo el ruido ese de Dios”, como lo proclama Judas en la canción inicial de la película:
“Jesus!
You started to believe the things they say of you
You really do believe this talk of God is true
And all the good you’ve done
Will soon be swept away
You’ll began to matter more than the things you say”
Has comenzado a creer lo que se dice de ti
Realmente te crees toda esa habladuría de Dios
Y todo el bien que has hecho
Pronto será barrido
Haz comenzado a importar más que las cosas que dices
Claro, con ese enfoque, ¿que tiene de raro que luego los autores se pregunten quien es ese Jesús, quién se cree que es, y qué es lo que ha sacrificado? Y ponen por boca de Judas – que ya se ha ahorcado y vuelve del más allá a preguntarle a Jesucristo sus grandes dudas – dichas preguntas:
Jesus Christ, Jesus Christ,
Who are you, what have you sacrificed?
Jesus Christ, Superstar
Do you think you are what they say you are?
Jesucristo, Jesucristo
¿Quien eres? ¿Qué has sacrificado?
Jesucristo, Jesucristo
¿Crees que eres lo que dicen de ti que eres?
Y sin embargo, la verdad es esa: Jesús es Dios. Claro, es una verdad incómoda, que a muchos les desagrada. Porque, con buena lógica, si Jesús es Dios, ¿qué queda hacer sino hacerle caso, creerle y llevar el tipo de vida que nos dice que hay que llevar? Así pues, es más cómodo y conveniente poner en duda la divinidad de Jesús. Así, podemos seguir eternamente discutiendo acerca de lo que dijo e hizo, y los motivos por lo cual lo hizo o dijo, y las interpretaciones de lo que hizo o dijo, pero nunca nos sentiremos compelidos a actuar en consecuencia. Total, si fue "solo un hombre", por muy espectacular que fuera, ¿por qué iba a tener que moldear la vida de personas tan alejadas en el tiempo y en lo geográfico? ¿cómo es que no vino en pleno Siglo XX, donde su mensaje habría sido un fenómeno de masas? Lo vuelve a cantar el mismo Judas en la canción antes dicha:
Why you chose such a time and such a strange land?..
Israel in 4BC had no mass communications!
¿Por qué escogiste una época así y una tierra tan extraña?
¡Israel no tenía medios de comunicación masivos en el año 4 A.C.!
Preguntas que se hacen bajo una aparente inocencia de quien “solo quiere preguntar”:
Don´t you get me wrong (bis)
I only want to know (bis)
Jesus Christ, Jesus Christ,
Who are you, what have you sacrificed?
Jesus Christ, Superstar
Do you think you are what they say you are?
Y que hacen a la postre que cualquier religión de lo mismo, como se desprende de otras preguntas de Judas en la misma canción:
Tell me if Buda is where he’s at,
is he where you are?
Could Mahomet move a mountain
or was it just P.R. ?
Dime si Buda está donde dice,
¿está donde tú estas?
¿Podía Mahoma mover una montaña
O solo era publicidad?
No quiero con esto criticar a Andrew Lloyd Weber ni a Tim Rice. Muy por el contrario, después de mi primera reacción de rechazo al escuchar esta Opera Rock cuando salió en 1971 (al fin y al cabo, soy católico y amo a Cristo) me di cuenta que ese espíritu escéptico de “Jesus Christ Superstar” era un signo de los tiempos: en eso había acabado, respecto de la religión cristiana, la “revolución del 68”, que puso todo en cuestionamiento, y cuyos efectos perduran hasta el día de hoy. Y a eso conduce si uno no se cree, de verdad, que Jesucristo es Dios hecho hombre. Si no, efectivamente cabe preguntarse: ¿quién eres tu? ¿qué has sacrificado? ¿no eres acaso un hombre como lo fue Buda o Mahoma? Y claro, si Jesús es “solo” un hombre... ¿cómo poder amarlo? Porque por otro lado, un hombre que muere tan atrozmente por nosotros... asusta ese Amor, a menos que reconozcamos en Él el Amor de Dios. Así le cantan Magdalena y el mismo Judas en la película, éste antes de suicidarse:
I don’t know how to love him...
He’s a man, he’s just a man…
He scares me so!
Yo no se como amarle…
Es un hombre, sólo un hombre
¡me asusta tanto!
Lo triste de este enfoque es su pobreza y su desesperanza. Se pierde por completo la más dulce experiencia para el alma, el intelecto y las potencias del ser humano: el Amor de Cristo, que es el Amor de Dios. El Amor de una persona que a la vez es Dios, y que vive aún, como Dios y como hombre, aunque no lo veamos sensiblemente – privilegio solo de almas muy cercanas a El.
La secuela inmediata de esa actitud es el escepticismo respecto de todo, y la búsqueda de la felicidad donde no existe: el placer, las drogas, la posesión de las cosas, el hacer lo que le venga a uno en gana... todavía no conozco a ¡ni uno! que sea feliz con eso. Sin embargo, sí que conozco a ¡muchos! que son felices porque creen en Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Redentor del hombre, Camino, Verdad y Vida. ¡Que hermoso es lo que dice Juan Pablo II comentando el Primer Misterio de Gloria!:
“Si: ¡Cristo vive! Está en nosotros, portadores de gracia e inmortalidad. Si habéis encontrado, pues, a Cristo ¡vivid a Cristo! ¡vivid con Cristo! Y anunciadlo en primera persona, como auténticos testigos: para mi, la vida es Cristo”
Esa diferencia es pues, la más importante, la que nos permite decir que la nuestra es la verdadera Fe: porque Jesucristo es Dios y es hombre, que no miente respecto de sí mismo ni de las verdades últimas. Que estuvo entre nosotros, nos redimió de nuestros pecados, subió a los cielos, y nos espera allí, después de ayudarnos en la Tierra para llegar a El y ser felices, aquí y en la eternidad. Y como demostración definitiva de que es así, nos dijo antes de subir a los cielos: “Yo estaré entre vosotros hasta la consumación de los siglos”. Dos mil años después, ahí está su Iglesia, tal y como la fundara: la misma Fe, los mismos sacramentos y el mismo camino hacia el cielo. A pesar de los pesares, ninguna, ¡ninguna! organización humana ha sido capaz de sobrevivir como la Iglesia católica, lo que demuestra que no es humana, sino que está fundada en Cristo, que es verdadero Dios, además de ser verdadero hombre.
Mahoma fue una persona que se erigió en Profeta de Dios. Dijo que recibió la doctrina que predica directamente del Arcángel San Gabriel, la cual plasmó en el Corán. Predica la sumisión (Islam) de la persona a Dios. Cree por tanto en Dios, el mismo de los judíos y de los cristianos. Creen que Jesucristo fue también un Profeta (Jeschua ben Miryam) y que Dios lo resucitó de entre los muertos, pero lo consideran inferior como tal a Mahoma.
Los judíos no tuvieron un hombre como origen de su religión, sino Dios mismo, Yahvé de los Ejércitos, que se reveló a su pueblo y le escogió dentro de todos los pueblos de la Tierra para que mantuviera las creencias que entregó al más importante de sus hijos, Moisés. El único ser humano que hablaba con Dios cara a cara, y que escribió o inspiró directamente los 5 primeros libros del Antiguo Testamento, el Pentateuco de los cristianos y la Toráh de los judíos.
El cristianismo se basa en cambio en Cristo, y es la única de las religiones de la Tierra que manifiesta que su Fundador es Dios mismo hecho hombre. Verdadero Dios y verdadero hombre, un personaje histórico que vino al mundo a salvarlo de su pecado original y a revelarle a Dios uno y trino. La diferencia esencial está en eso, porque nuestra Fe dice que ese Jesucristo, crucificado y resucitado, es Dios mismo.
Ninguna otra religión pone a Dios mismo como hombre. O es a través de un hombre normal, o es directamente a través de Dios. Jesucristo aparece así como un ser casi mitológico, sacado del Olimpo, mitad Dios y mitad hombre. Solo que no es así. No es “mitad” hombre o Dios: es totalmente Dios y totalmente hombre. Es más: la religión cristiana es la única en la cual su Fundador dice expresamente de sí mismo que es Dios hecho hombre (el Mesías, el Ungido, que aún esperan los judíos). Fue por esa razón y no otra por la que fue condenado a la Cruz.
Dos de las primeras grandes herejías por las que pasó el cristianismo se refirieron precisamente a ese aspecto. Arrio (280-336) fue un sacerdote de Alejandría que negaba que Cristo fuese Dios. El y sus seguidores (los arrianos) creían que Cristo era un demiurgo, una especie de divinidad intermedia, pero no Dios mismo. Eutiques (378-454), por su parte, manifestaba lo contrario: que en Cristo había solo una naturaleza, la divina (monofisismo). Ambas herejías fueron rápidamente condenadas por la Iglesia, pero a pesar de los siglos que han pasado desde entonces, han resurgido bajo diversas filosofías y creencias.
En los años 60 – y hasta ahora – volvió con fuerza la idea del Cristo-hombre, una especie de revolucionario del Siglo I, un adelantado de los hippies. Luego fue el fenómeno de Jesucristo “súper estrella” que no era ni revolucionario ni hippie, pero desde luego un hombre desconcertante que se creía “todo el ruido ese de Dios”, como lo proclama Judas en la canción inicial de la película:
“Jesus!
You started to believe the things they say of you
You really do believe this talk of God is true
And all the good you’ve done
Will soon be swept away
You’ll began to matter more than the things you say”
Has comenzado a creer lo que se dice de ti
Realmente te crees toda esa habladuría de Dios
Y todo el bien que has hecho
Pronto será barrido
Haz comenzado a importar más que las cosas que dices
Claro, con ese enfoque, ¿que tiene de raro que luego los autores se pregunten quien es ese Jesús, quién se cree que es, y qué es lo que ha sacrificado? Y ponen por boca de Judas – que ya se ha ahorcado y vuelve del más allá a preguntarle a Jesucristo sus grandes dudas – dichas preguntas:
Jesus Christ, Jesus Christ,
Who are you, what have you sacrificed?
Jesus Christ, Superstar
Do you think you are what they say you are?
Jesucristo, Jesucristo
¿Quien eres? ¿Qué has sacrificado?
Jesucristo, Jesucristo
¿Crees que eres lo que dicen de ti que eres?
Y sin embargo, la verdad es esa: Jesús es Dios. Claro, es una verdad incómoda, que a muchos les desagrada. Porque, con buena lógica, si Jesús es Dios, ¿qué queda hacer sino hacerle caso, creerle y llevar el tipo de vida que nos dice que hay que llevar? Así pues, es más cómodo y conveniente poner en duda la divinidad de Jesús. Así, podemos seguir eternamente discutiendo acerca de lo que dijo e hizo, y los motivos por lo cual lo hizo o dijo, y las interpretaciones de lo que hizo o dijo, pero nunca nos sentiremos compelidos a actuar en consecuencia. Total, si fue "solo un hombre", por muy espectacular que fuera, ¿por qué iba a tener que moldear la vida de personas tan alejadas en el tiempo y en lo geográfico? ¿cómo es que no vino en pleno Siglo XX, donde su mensaje habría sido un fenómeno de masas? Lo vuelve a cantar el mismo Judas en la canción antes dicha:
Why you chose such a time and such a strange land?..
Israel in 4BC had no mass communications!
¿Por qué escogiste una época así y una tierra tan extraña?
¡Israel no tenía medios de comunicación masivos en el año 4 A.C.!
Preguntas que se hacen bajo una aparente inocencia de quien “solo quiere preguntar”:
Don´t you get me wrong (bis)
I only want to know (bis)
Jesus Christ, Jesus Christ,
Who are you, what have you sacrificed?
Jesus Christ, Superstar
Do you think you are what they say you are?
Y que hacen a la postre que cualquier religión de lo mismo, como se desprende de otras preguntas de Judas en la misma canción:
Tell me if Buda is where he’s at,
is he where you are?
Could Mahomet move a mountain
or was it just P.R. ?
Dime si Buda está donde dice,
¿está donde tú estas?
¿Podía Mahoma mover una montaña
O solo era publicidad?
No quiero con esto criticar a Andrew Lloyd Weber ni a Tim Rice. Muy por el contrario, después de mi primera reacción de rechazo al escuchar esta Opera Rock cuando salió en 1971 (al fin y al cabo, soy católico y amo a Cristo) me di cuenta que ese espíritu escéptico de “Jesus Christ Superstar” era un signo de los tiempos: en eso había acabado, respecto de la religión cristiana, la “revolución del 68”, que puso todo en cuestionamiento, y cuyos efectos perduran hasta el día de hoy. Y a eso conduce si uno no se cree, de verdad, que Jesucristo es Dios hecho hombre. Si no, efectivamente cabe preguntarse: ¿quién eres tu? ¿qué has sacrificado? ¿no eres acaso un hombre como lo fue Buda o Mahoma? Y claro, si Jesús es “solo” un hombre... ¿cómo poder amarlo? Porque por otro lado, un hombre que muere tan atrozmente por nosotros... asusta ese Amor, a menos que reconozcamos en Él el Amor de Dios. Así le cantan Magdalena y el mismo Judas en la película, éste antes de suicidarse:
I don’t know how to love him...
He’s a man, he’s just a man…
He scares me so!
Yo no se como amarle…
Es un hombre, sólo un hombre
¡me asusta tanto!
Lo triste de este enfoque es su pobreza y su desesperanza. Se pierde por completo la más dulce experiencia para el alma, el intelecto y las potencias del ser humano: el Amor de Cristo, que es el Amor de Dios. El Amor de una persona que a la vez es Dios, y que vive aún, como Dios y como hombre, aunque no lo veamos sensiblemente – privilegio solo de almas muy cercanas a El.
La secuela inmediata de esa actitud es el escepticismo respecto de todo, y la búsqueda de la felicidad donde no existe: el placer, las drogas, la posesión de las cosas, el hacer lo que le venga a uno en gana... todavía no conozco a ¡ni uno! que sea feliz con eso. Sin embargo, sí que conozco a ¡muchos! que son felices porque creen en Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Redentor del hombre, Camino, Verdad y Vida. ¡Que hermoso es lo que dice Juan Pablo II comentando el Primer Misterio de Gloria!:
“Si: ¡Cristo vive! Está en nosotros, portadores de gracia e inmortalidad. Si habéis encontrado, pues, a Cristo ¡vivid a Cristo! ¡vivid con Cristo! Y anunciadlo en primera persona, como auténticos testigos: para mi, la vida es Cristo”
Esa diferencia es pues, la más importante, la que nos permite decir que la nuestra es la verdadera Fe: porque Jesucristo es Dios y es hombre, que no miente respecto de sí mismo ni de las verdades últimas. Que estuvo entre nosotros, nos redimió de nuestros pecados, subió a los cielos, y nos espera allí, después de ayudarnos en la Tierra para llegar a El y ser felices, aquí y en la eternidad. Y como demostración definitiva de que es así, nos dijo antes de subir a los cielos: “Yo estaré entre vosotros hasta la consumación de los siglos”. Dos mil años después, ahí está su Iglesia, tal y como la fundara: la misma Fe, los mismos sacramentos y el mismo camino hacia el cielo. A pesar de los pesares, ninguna, ¡ninguna! organización humana ha sido capaz de sobrevivir como la Iglesia católica, lo que demuestra que no es humana, sino que está fundada en Cristo, que es verdadero Dios, además de ser verdadero hombre.
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