miércoles, 31 de julio de 2013

La intrínseca hipocresía detrás del aborto

El tema del aborto se reduce responder a una sola gran pregunta: ¿hay vida humana en un feto? Si la respuesta es sí, se estaría eliminando una vida humana. Pretender que hay una justificación para esa eliminación es la mayor hipocresía que un miembro del género humano puede tener. Sobre todo, si se dice "respetuoso de los derechos humanos". Eliminar a un ser humano inocente nunca será justificable. La primera sociedad que legalizó el aborto en el siglo 20, que yo sepa, fue la Alemania nazi, como una forma de promover la "raza pura". Y es que, en definitiva, eliminar a un ser humano por cualquier "razón" es una discriminación de la peor especie. 

Detrás de los "motivos" para el aborto hay cobardía y comodidad. Yo entiendo que se pueda ser legítimamente cómodo, incluso legítimamente cobarde, pero jamás pasando a llevar a un ser inocente que no se puede defender. 

Entonces, mantengo la pregunta: ¿existe un ser humano desde el primer momento de la concepción? La respuesta de la ciencia es unánime: sí, existe un ser humano desde el primer momento de la concepción. Que ese ser humano no tenga rasgos humanos no supone para nada que no sea 100% humano. Justificar la eliminación de un feto, o de un cigoto, solo por el hecho de que su apariencia no es la de un nacido es hipócrita. Es discriminación racial, tan discriminatoria como la de los nazis con su "raza pura". 

Típicamente, en la defensa del aborto se llevan los argumentos a situaciones límites. ¿Qué pasa con la violación? Pregunto: ¿eliminaría al recién nacido - con forma humana 100% - porque fue producto de una violación? Si la respuesta es sí, estamos de nuevo ante un crimen 100%. Si la respuesta es "no, pero sí eliminaría un feto", el contra argumento es contundente: no hay diferencia, en cuanto a "ser un ser humano, entre un feto y un nacido. En eso están de acuerdo los científicos". Lo que sucede es que ante ese argumento, quienes apoyan el aborto hacen oídos sordos. No oyen, no les interesa oír, y siguen detallando los horrores de la violación. Bajo esa misma línea de argumentación, si quieren llevar las cosas a los extremos, yo les diría que a los culpables de violación les castren,  Es horrible, pero mucho menos horrible que matar a un ser humano que no tuvo nada que ver en el hecho, aparte de ser un resultado del mismo. Si a uno de las mías la violaran, en un ataque de rabia sería capaz de castrar a quién lo hizo. Pero, jamás, matar al fruto inocente de esa violación.  

Otro argumento es el peligro de vida de la madre. Ante esto, insisto en mi contra argumento: si fuese un recién nacido, y por las razones que sea tuvieran que decidir entre dejar que se muera la madre o el recién nacido, ¿por cual optarían? Creo que la madre diría siempre que prefiere que viva su hijo o hija. La ley de aborto querría decir - puesto que el feto es tan ser humano como el recién nacido - que en estos casos siempre se debe eliminar al recién nacido. ¿Sobre qué base científica o moral?

Un tercer argumento extremo es de un feto no viable. Se sabe que en cuanto nazca vivirá poco. Este caso me recuerda un episodio de "La Ley y el Orden". La madre de un feto inviable decidió al final no abortar. Cuando le preguntaron por qué, contestó: "murió en mis brazos, que es donde debía morir. Pude verle la cara, pude ver quien era. Aunque fue durísima esa muerte, al menos conocí a mi hijo." Sabia respuesta. 

Detrás del no al aborto debe haber sin embargo una responsabilidad de la Sociedad respecto del "día después". La madre no abortó. Pero lo que no puede ser es que la Sociedad le de la espalda y la deje con el cacho sola. Debe ayudarla, acompañarla, buscar una familia que se haga cargo en caso que no pueda o no quiera. Darle ayuda estatal si no tiene medios para sacar adelante a esa vida humana. Que no sea que al final no seamos hipócritas respecto de la muerte (aborto) pero si respecto de la vida (cuidado del que va a nacer). 

Al final, quizá Chile acabe siendo el último país cristiano que legalice el aborto en el mundo (los países islámicos no lo legalizan). Sería para mi algo triste. Tarde o temprano, las cosas volverán a su normalidad, y esta época de la humanidad será recordada como la "sociedad de la muerte", una donde se legalizó jurídicamente la eliminación de seres humanos, tan intrínsecamente humanos como cualquiera nacido y desarrollado. Me llenaría de orgullo saber que mis descendientes pudiesen decir "todos los países llamados cristianos legalizaron la eliminación de seres humanos no nacidos, menos Chile". 

Ruego a Dios que así pudiera ser. 

Alfredo Barriga

domingo, 28 de julio de 2013

La parábola de los talentos y la teoría económica

Como cristiano y economista, siempre me he preguntado si no hay un "modelo económico" que esté más cerca de mi Fe. Durante gran parte del siglo 20 hubo una fuerte discusión acerca de si el capitalismo - que salvaguarda la propiedad privada y la libre iniciativa, lo cual está muy respaldado en el Antiguo y el Nuevo Testamento - era más o menos cristiano que el socialismo - que resalta la equidad y el reparto de la riqueza pero a costa de la propiedad privada. No pocos movimientos se generaron dentro de la Iglesia apostando por la segunda opción, de los cuales el más controvertido fue el de la "Teología de la Liberación".

El hecho es que Jesucristo no se pronunció por ningún "régimen económico" en concreto, dejándonos a nosotros el desarrollo de uno que cumpla con las características del cristianismo. Hay muchos que dicen que, en realidad, si los cristianos fuesen realmente cristianos, deberían tener hace un rato un modelo económico que respete su Fe. Pero, ¿No lo tenemos porque no somos buenos cristianos o porque hay más de una respuesta?

Creo que Jesucristo nos dejó bastantes pistas como para entender qué características debería tener un sistema económico que cumpla con los mandatos que nos trajo y con el ejemplo de su vida. Lo cual no implica que haya una sola respuesta. La humanidad evoluciona, y a cada tiempo hay varias respuestas. Pero la esencia se mantiene, y aunque no haya un único "modelo económico cristiano", lo esencial sí que debe estar en todos ellos. 

El amor es parte de la economía, y la economía es parte del Plan de Dios 

El primer mandato de Dios es el del amor. Mirado fríamente bajo una óptica economicista, parece algo muy poco relacionado con la Economía. Pero eso es un enfoque muy superficial. Aunque suene disparatado, pienso que el amor es económicamente productivo y rentable. De entrada, un trabajo que se hace con más amor es - por puro sentido común - más productivo. Detrás del relato de la creación en 7 días Dios trabaja y lo hace con amor infinito, puesto que El mismo es amor infinito. Y su trabajo es perfecto: en lo eficiente de su proceso, en lo adecuado de su contenido y en lo perfecto de su resultado. Por lo tanto amor, trabajo y creación de valor están íntimamente unidos. Al fin y al cabo, si se mira bien, la Creación es y será para siempre la mayor generación de valor económico de toda la historia cósmica. 

Creo que no es impropio por lo tanto combinar términos económicos con términos espirituales. No son mundos aparte. No somos "homo economicus" solamente ni "homo espiritualis" solamente. Somos personas con carne y espíritu. Con necesidades físicas y espirituales .

La actividad económica es querida por Dios para el hombre desde su creación, cuando nos dio el mandato de "Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra" (Gen. 1, 28). Dios nos dio y nos sigue dando abundantes gracias para cumplir ese mandato. Dios quiere que trabajemos y que lo hagamos bien, de forma eficiente. 

Los talentos son regalos de Dios a la humanidad para que cumpla el Plan divino

Para cumplir el mandato de Dios, todo ser humano llega al mundo dotado de talentos singulares. Lo que sucede es que por circunstancias de la vida, dichos talentos no se desarrollan: porque no tuvimos oportunidad de ir a un buen colegio, porque no pudimos encontrar un trabajo donde pudiéramos desarrollarlos, por mil razones. Y esa falla es causa directa de una "no creación" de valor económico, además de ser fuente de frustraciones, injusticias y pobreza. 

Creo firmemente que si todas las personas de la Tierra trabajaran en lo que tienen más talento y más les gusta, tendríamos un  mundo mucho mejor y eficiente desde el punto de vista económico y social, y con mucho mejor distribución del ingreso. Habría paz social y paz económica. La humanidad podría desarrollarse a su máximo potencial económico. El Producto Interno Bruto del mundo sería órdenes de magnitud mayor que hoy. Pero, en vez de desarrollar todo ese talento potencial que hay en el mundo, lo desperdiciamos. Eso equivale a ser económicamente ineficientes. La humanidad es muy pobre desde el punto de vista económico porque no ha sido capaz de ver, en los miles de años que lleva sobre a Tierra, que el verdadero recurso del que dispone es el talento. En vez de ello, ha puesto una y otra vez su foco sobre los recursos naturales o tangibles, como tierra, capital y trabajo. ¿cual podría ser el valor económico generado por siete mil millones de personas que desarrollan plenamente su talento y lo ponen a trabajar donde más disfrutan trabajando? 

El espíritu es superior a la materia en dignidad y valor. ¿Qué tiene de extraño por lo tanto que los bienes intangibles como el talento sean más valiosos que los tangibles? ¿Por qué esa fijación económica con los bienes tangibles?

Tenemos por lo tanto una primera característica de una Economía basada en las enseñanzas de Jesús en la parábola de los talentos. Es cierto que los talentos se toman desde un punto de vista de doctrina espiritual, y se refieren al desarrollo de la fe que se nos ha dado. Pero nada dicho por Jesucristo se queda en la analogía. Resulta que el talento era un guarismo financiero (determinados kilos de plata u oro), pero a partir de la parábola el término pasó a significar las habilidades que una persona tiene o desarrolla y la forma en que las usa. Hay por tanto una lección sacada de la comprensión literal de la parábola. Y es esta: todos hemos recibido talentos, y todos debemos hacerlos producir. El sistema económico que exista, sea el que sea, debe ser capaz de descubrir los talentos de las personas, desarrollarlos, y ponerlos a producir donde sean más productivos (que es donde más le guste a la persona trabajar).

La economía no ha incorporado aún el talento como variable, y sin embargo es querido por Dios en su "Plan Económico"

La ciencia económica ha avanzado mucho desde el comienzo de la humanidad en la administración de bienes tangibles, pero casi nada en la administración de bienes intangibles. Por ejemplo,  Dios nos da entre otros regalos, la facultad de ser creativos. Pero, ¿en qué modelo económico se mide la creatividad? Es como si no existiera a la hora de valorar la economía.

Los talentos por sí mismo no son suficientes sin embargo para conseguir la optimización de una economía. Los talentos surgen de las personas, y por lo tanto, solo en la medida en que las personas sean tratadas con la dignidad que tienen y merecen podrán los talentos surgir y producir.

Cuando hice mi MBA en el IESE, tuve un profesor que me marcó profundamente, Juan Antonio Pérez López. Había desarrollado una Teoría sobre la Motivación en el Trabajo que según pasan los años adquiere cada vez mayor peso y relevancia. Para mi, es una Teoría de la Motivación, punto. Creo que explica bien el por que hacemos lo que hacemos. Por supuesto, en su caso, explica por qué la gente trabaja.

En primer lugar, trabaja por el producto o beneficio que su trabajo tendrá para si mismo: ganar dinero, ganar reputación, etc. En segundo lugar, trabaja porque le gusta lo que hace, independiente de si gana más o menos dinero. Entre dos trabajos, está incluso dispuesto (si puede) a elegir el que le paga menos pero le gusta más.  Y en tercer lugar, trabaja por el efecto que su trabajo tiene sobre los demás: trabaja porque lo que hace supone un beneficio para los otros. La primera motivación es la motivación extrínseca, porque no tiene que ver con la naturaleza misma del trabajo, sino con el resultado del trabajo para mi. La segunda es la motivación intrínseca, porque tiene que ver con la naturaleza misma del trabajo. Y la tercera es la motivación trascendente, porque tiene que ver sobre cómo el trabajo trasciende a la persona y afecta a los demás.

La Teoría de la Motivación en el trabajo establece también el tipo de gerente que tiene una empresa en función de cuál motivación - siempre están presentes todas - es la que predomina.

El gerente que usa predominantemente la motivación extrínseca (palo y zanahoria), es un ejecutivo. Consigue eficacia, pero no eficiencia. La gente está con él porque no tiene más remedio. Por lo mismo, no da de sí lo que puede dar. Difícilmente está trabajando en lo que tiene más talento y más le gusta, y al gerente ejecutivo le importa poco ese aspecto: lo que busca son resultados, prescindiendo de la persona que los entrega.

El gerente que usa la motivación intrínseca es un director. Conoce a su gente, sabe qué talento tiene y donde le gusta más usarlo, y le da la oportunidad de hacerlo, consiguiendo de esa forma equipos muy productivos. Arma equipo y lo dirige, pero no los "manda" en el sentido estricto de la palabra.

El gerente que usa motivación transcendente es el líder. No solo conoce a su gente, sino que es capaz de proyectarles una visión, de transmitirles valores con los cuales se identifican. Lo siguen porque sienten que con él están "cambiando al mundo".

Si juntamos la teoría de la motivación en el trabajo con el desarrollo de los talentos, concluimos que cualquiera que sea el modelo de economía, debe rescatar que el recurso esencial es la persona, pero que debe ser tratada con dignidad para que pueda dar lo mejor de sí misma. La dignidad es una forma de amor. De donde se deduce que cuando se pone a la persona en el centro de la actividad económica, y se la trata con amor, la productividad - y por lo tanto, la rentabilidad - es mayor. En definitiva, el amor es rentable, y no tiene por qué estar disociado de la ciencia económica.

Una Economía basada en los talentos y en el amor es más eficiente

Hubo un economista del siglo 20, Kenneth Boulding, quién en su libro "La Economía del Amor y el Temor" expuso algo muy similar. Concluía que la generación de una mejor economía sucede cuando se da una "relación integradora", donde entran en consideración valores y afectos en las relaciones económicas. En definitiva, cuando en la motivación en el trabajo está lo trascendente, las personas sacan lo mejor que tienen dentro, los sistemas de control son menos onerosos y necesarios, la productividad es mayor, y la distribución de la riqueza puede ser más igualitaria. En la medida en que a todos se les de la oportunidad de realizarse por medio de los talentos recibidos por Dios, existe mayor creación de valor, mayor paz social, mayor eficiencia. 

Creo firmemente que inherente a las enseñanzas de Jesucristo están las características no solo de una economía cristiana, sino de la mejor economía: la que da mejores resultados. La que permitirá a la humanidad crecer más y entregar a cada uno de sus miembros una vida digna. No quiero decir que hay una única respuesta, un único "sistema económico cristiano": si lo hubiera, Jesucristo mismo lo habría señalado. Pero, aunque no lo haya señalado, alrededor de Su ejemplo y Su palabra, alrededor de la obra de Dios en la humanidad, están impresos - al igual que el "derecho divino positivo" - características que harían una mejor economía y que no hemos considerado hasta ahora en la Teoría económica. Pienso que eso ha sido por una falsa concepción de que economía y espiritualidad corresponden a dimensiones distintas y contrapuestas de nuestra vida. 

Nos olvidamos que Dios nos creo personas, y como tales, integrales. Nada hay en nuestra vida que no sea parte del Plan de Dios. La economía también debe ser redimida. 

El siglo 21 en el que estamos metidos traerá, en mi opinión, un mayor acercamiento a esta filosofía. Ello es debido al advenimiento de la sociedad del conocimiento, donde la creación de valor viene del uso de talentos más que del empleo de recursos financieros, y por lo tanto la actividad económica - para que produzca - debe ser antropocéntrica. Que Apple sea la empresa más valorada en el mercado, o que Google y Pixar sean las más admiradas, no es casualidad. 

Alfredo Barriga

lunes, 5 de marzo de 2012

"Truth Shall Make Thee Free"

I asked You that question, long ago. Remember? What did you mean by that? What “truth” did you talk about? Why does it make us free? Why say that sentence in such a mysterious way? It is so important! I want truth, I want freedom, so why not be more specific?

Things that refer to You are at the same time very simple and yet very deep. You did not need to explain because the answer lies in yourself. You did not speak of a “scientific” truth, which needs a lot of knowledge to understand. You were speaking to all, disregarding talents or skills. We keep on asking the truth to be “scientific”, yet all of our life we pursue happiness in a very unscientific way. And we don´t think that is untrue.
So I came to this answer, and it looked like your answer: the ultimate truth is... God is Love. Inside this very simple statement lie all your doctrine, and the explanation to all what surrounds us. The reason of our being here, where we came from, who we are, where we go, and any questions we might ask, since “You created us for You, and our heart is restless until it lays in You” (S. Agustin, Confessions, 1). The statement also hides within the formula to make this a better World. A civilization based on love, based on your doctrine. One we do not want to hear, because it is “not scientific”. And we keep searching for more complicated “scientific” answers which do not bring us peace nor happiness. We do not trust you.

“Love to God and neighbor is the hallmark of the Christian” (John Paul II, 2nd mistery of Joy, holy Rosary).

If we attend carefully to that truth, it is like a shoreless sea.
God is love. That is the ultimate definition of God, one in which all believers agree, disregard of the rest of their beliefs. God made the Universe from nothing (big bang included, if that was the way). What guides the universe and all what it has, is God’s love. The history of Universe, material and unmaterial is the History of God, who is love, and as such creates, makes itself acknowledged and inspires our actions if we leave them to do it. God never pushes.

If God is Love, and is the beginning and the end of all creation, and created us to rest in Him, happiness is to respond to God's Love.

God is Love, and in Love is our freedom, when it is true in its nature, as a reflex of God’s love upon us. Love is the gift of oneself, not a feeling. The feeling is an effect, not the origin of Love, to the point that you can love and not "feel". Christ on the cross loves us infinitely, and it is not a blissfull feeling, less a sentimentality.

To know that God exists, created me and loves me is what gives me strength to overcome sufferings and accept them, but also is the source of my happiness. Sufferings do not disappear, but they are looked upon from a different perspective. God did not come to end suffering, but to sublimate it. Loving God back is daring, rough at times, but freeing. All Saints I know about, have had big sufferings and disappointments. But all of them have been enormously happy. They were free. The were loved. They cared nothing else.
“God, through Christ, reveals humankind to humankind”. (John Paul II, Redemptoris Hominis. II, 1) We are called upon to be sons of God and build the civilization of Love. Love projects itself over time and space, and in doing so it becomes part of infinite. In that knowledge of infinity rests the one sole truth: that we will transcend, and as we will transcend, all the rest is deciduous. So to know that God is love and that I am part of it is the ultimate truth that I care most about. All the rest, will pass.

Alfredo Barriga

lunes, 9 de enero de 2012

Lo que Dios no nos puede negar

Rezamos para agradecer a Dios, para alabarlo, para pedirle. Cuando pedimos, sentimos a veces cierta aprehensión de que no vamos a ser escuchados. San Agustín clasificaba las razones por la cual Dios no nos concede lo que pedimos: "aut mala, aut male, aut mali"... porque pedimos cosas que no nos convienen, porque más que pedir, exigimos, porque no pedimos con fe.
Dios nos creó. Nos conoce más que nadie en el Universo. Y nos creó por varios motivos. Por supuesto, el principal es por Amor, porque quiere que seamos parte del cielo para toda la eternidad. También San Agustín lo explica en una frase muy bella y profunda: "Dios, que te creo si tí, no puede salvarte si ti".

Pero hay un segundo motivo: somos parte de Su plan en el Universo. Desde el comienzo de la creación, estuvimos en su mente: "será tal cosa y hará tal cosa". Por supuesto, por su omnipresencia sabía qué seríamos y qué haríamos. Contaba con nuestras flaquezas y grandezas, con nuestras virtudes y defectos, con nuestro entorno y con lo que somos por dentro. No es predestinación: eso es lo que nos parece porque nuestra percepción de la realidad es temporal y física. Hay una dinámica, que podemos cambiar, pero bajo nuestra libre voluntad, en pleno uso de nuestro libre albedrío.

Si juntamos ambas cosas: que Dios nos conoce más que nadie en el Universo, y que Dios nos creó por un motivo concreto que solo El conoce bien, hay una oración que no puede no escuchar, y que cumple con los criterios citados por San Agustín: "Señor, que sea aquéllo para lo cual Tu me creaste"

Con esa oración, Le estamos pidiendo algo bueno, puesto que si es aquéllo para lo cual nos creó, y Dios es bueno, no puede ser algo malo. Nos estamos poniendo enteramente en Sus manos, dejando que suceda lo que tenga que suceder, sabedores de que, sea lo que sea, es donde y como más felices seremos. Y esta certeza nos lleva espontáneamente a pedir con fe, sabiendo que ya nos han oído.

Decir esta oración con plena conciencia de lo que significa da una gran paz interior. Cierto, a lo mejor esa intención que Dios pensó para nosotros al crearnos supone sacrificio y dolor, pero no todo va a ser sacrificio y dolor, y si llega, es porque fuimos creados para llevarlo. Por lo tanto, si algo se nos hace terriblemente poco llevadero, cabe preguntarse con honradez si eso está conforme a la voluntad de Dios. Descubriremos muchas veces que no es así, que es un dolor que nosotros nos inflingimos y que su origen está en el diablo, que con ello alienta la desesperanza, el que nos digamos "Dios solo quiere que lo pase mal".

Dios quiere que seamos felices, en la tierra y luego en el cielo. Pero la felicidad no es antónimo de dolor. Es antónimo de infelicidad. A veces confundimos ser felices con que no nos pase nada que pueda afectar nuestra vida dolorosamente, y no tienen nada que ver una cosa con la otra. Pero tampoco tenemos que echarnos encima cruces que no existen, por falta sobre todo de confianza.

En el pecado original el hombre, de una, atacó las tres virtudes cardinales: desconfió de Dios, quien le había dicho de qué árbol no comer (lo del árbol, por supuesto, es una metáfora, no algo que se deba tomar literalmenet). Al desconfiar perdió la Fe (no creyó, sustituyendo el criterio de Dios por el propio, haciendo autónoma su conciencia), e hizo un acto de rechazo a Dios, la desobediencia, que es falta de caridad. 

Entonces, pedir a Dios que seamos aquéllo por lo cual nos creó es una oración que "lo deja amarrado". No puede no concederlo. Y respecto a lo que viene después, traigo a colación una oración muy bonita que se ha hecho muy popular en los últimos años, y que destila esta idea de pedir a Dios que seamos aquéllo para lo cual nos crearon:

"¿Porqué te confundes y te agitas ante los problemas de la vida?
Déjame el cuidado de tus cosas y todo te irá mejor.
Cuando te abandones a MI, todo se resolverá con tranquilidad según mis designios.

No te desesperes, no me dirijas una oración agitada,
como si quisieras exigirme el cumplimiento de tus deseos.
Cierra los ojos del alma y dime con calma:
JESÚS, yo confío en TI

Evita las preocupaciones angustiosas y los pensamientos sobre lo que puede suceder después.
No estropees mis planes, queriéndome imponer tus ideas.
Déjame ser Dios y actuar con libertad.
Abandónate confiadamente en MÍ.
Reposa en MÍ y deja en mis manos tu futuro.
Dime frecuentemente: JESÚS, yo confío en TÍ

Lo que más daño te hace es tu razonamiento, y tus propias ideas, y querer resolver las cosas a tu manera.
¿Cómo me dices 'JESÚS, yo confío en TÍ'? No seas como el paciente que le pide al médico que lo cure, pero le sugiere el modo de hacerlo. Déjate llevar en mis brazos divinos, no tengas miedo. YO TE AMO.

Si crees que las cosas empeoran o se complican a pesar de tu oración, sigue confiando. Cierra los ojos del alma y confía. Continúa confiando diciéndome a toda hora: JESÚS, yo confío en TÍ.
Necesito las manos libres para obrar.
No me ates a tus preocupaciones inútiles. Satanás quiere solo eso: Agitarte, angustiarte, quitarte la paz.

Confía solo en MI, reposa en MI. Abandónate a MI.
Yo hago los milagros en la proporción del abandono y confianza que tienes en MI. Así que no te preocupes, echa en MI todas tus angustias y duerme tranquilo.

Dime siempre: JESÚS, yo confío en TÍ y verás grandes milagros.
Te lo prometo por MI AMOR."

domingo, 31 de agosto de 2008

La verdad nos hará libres

“Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Jn VIII, 32)

¿Cuál es esa verdad, Señor? Durante años me lo he preguntado. No hablabas, me parece, de un “conjunto de verdades” o de una verdad cuyo enunciado requiere de sesudas explicaciones. Dios es simple y, al mismo tiempo, infinito.

Creo que “la” verdad es esta: Dios es Amor. Creo que dentro de esta verdad se esconde toda tu doctrina y la explicación de todo el universo, la razón de nuestras vidas – quienes somos, de donde venimos, hacia adonde vamos – y en definitiva, la respuesta a todas las interrogantes que nosotros, simples criaturas, nos hacemos porque “nos creaste Señor para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descansa en Ti” (S. Agustin, Confesiones cap. I) También esconde la fórmula para hacer de este un mundo mejor, una civilización del Amor, basada en la doctrina que nos diste a través de Tu Hijo, Jesucristo, y que una y otra vez los hombres, heridos por el pecado original, desoímos, buscando respuestas cada vez más complicadas, que no dan la felicidad.

“El Amor a Dios y al prójimo es el distintivo del Cristiano” (Juan Pablo II, Santo Rosario, segundo misterio de gozo)

Si atendemos y reflexionamos profundamente en esa verdad, es un mar sin orillas.

Dios es Amor. Dios creo el universo de la nada. Por lo tanto, lo que guía el universo y todo cuanto lo contiene es el Amor de Dios. La historia del Universo, el material y el espiritual (ángeles, arcángeles, potestades, y todos los seres incorpóreos) es la historia de Dios, que es Amor, y del Amor de Dios, que crea (Dios Padre) se da a conocer por la Palabra (Dios hijo) y quiere inspirar nuestras acciones para que se encaminen a Dios (Dios Espíritu Santo)

Si Dios es Amor, y es el principio y fin de todo lo creado, y nos creó para que descansemos en El, la felicidad está en responder al Amor de Dios.

Por eso todo lo que se contrapone al Amor de Dios se contrapone a nuestra felicidad. Por eso las guerras y la violencia nos hacen desdichados. Por eso el divorcio, rompimiento de una comunidad de Amor que incluye a otros seres creados por Dios, que son los hijos, nos aleja de la felicidad. Por eso cualquier acción o pensamiento nuestro originado del egoísmo (desorden que lleva a ponernos en primer lugar) genera infelicidad. Por eso la búsqueda del placer y el hedonismo dejan un vacío en nuestra alma. Porque Dios es Amor, y Él nos creó a imagen y semejanza suya. Nos creo para ser Amados de Él y para Amarlo a Él, y por Él, a todos los seres humanos.

Dios es Amor, y en el Amor está nuestra libertad. Amor que es don de sí mismo, no un sentimiento. El sentimiento es efecto y no origen del Amor, hasta el punto que se puede Amar y no “sentir”. Cristo en la cruz nos Ama infinitamente, y no es un sentimiento ni menos un sentimentalismo. El amor con minúscula, basado en los sentidos y en la atracción hacia nosotros mismos (para buscar y satisfacer nuestro placer) no hace feliz ni nos libera: al revés, nos esclaviza. Partimos buscándonos en nuestros placeres para terminar esclavos de ellos.

Dios es Amor, y el Amor es más fuerte que el pecado, más fuerte que la muerte, más fuerte que el odio, más fuerte que la violencia, más fuerte que todo. En el mundo de hoy, pareciera que es el dinero, el poder y el hedonismo quien lo mueve. Pero es el Amor de Dios al mundo lo que hace que siga existiendo, el Amor de Dios al mundo, al que nunca cesa de darle otra oportunidad para conocerle a Él, dejarse Amar por Él y responder a ese primer Amor: Dios nos amó primero, y eso nos hace libres.

Saber que Dios me Ama me libera de mis angustias y preocupaciones. Saber que Dios me Ama me hace superar los sufrimientos y contrariedades, y aceptarlos como voluntad suya, que los permite por eso, porque me Ama. Saber que Quien creó el Cielo y la Tierra me Ama a mí, personalmente, y que me creó por Amor y que quiere materializar ese Amor en mí, durante todo el tiempo de vida, y que quiere que luego de mi vida en la tierra esté con Él para siempre, me libera de la esclavitud de mí mismo (mis egoísmos, mis miedos, mis ambiciones, mis frustraciones) Los santos todos han sido felices. Los santos todos han sufrido mucho sin dejar de ser felices. Los santos todos han sido libres. Los santos todos han sido Amados y han Amado a Dios, y esa fue la fuente de su alegría, de su fuerza, de su coraje.

Si Dios está conmigo, ¿quién contra mí? (San Pablo)

¿Qué me falta, mi Dios para ser libre por tu Amor? ¿Qué me falta para Amarte?

Fe en que esta verdad, infinitamente simple y profunda, es verdad, y hacer de esa Fe el fundamento de mi vida.

Esperanza en que Dios quiere darme su Amor y quiere que le Ame, y pondrá los medios para que sea posible, solo con que yo lo deje hacer. Por el pecado original, por mi naturaleza caída, no soy capaz de Amar a Dios, pero espero en Él y él me dará su gracia para romper las cadenas de esas limitaciones. Espero en Su ayuda porque sé que me quiere.

Y junto a la Fe y la Esperanza, la Caridad misma. Esa que yo, de mi propio ser, soy incapaz de producir, pero que Dios me entrega y hace crecer en mí, porque es la única forma en que pueda recibir su Amor y pueda Amarlo. Caridad que me hace libre de todos mis miedos que agitan mi agresividad. Caridad que me da la paz, fruto del Amor que recibo de Dios y de mi libertad, liberado de todo lo que me oprime, me angustia, me quita la paz. El deseo de las cosas que quiero tener y no tengo, de la vida que quiero vivir y no vivo, de la envidia por ver otros que viven o tienen eso que quisiera... todo eso me quita la paz. Todo eso me aleja del Amor de Dios. Por eso, la verdad más sublime es que Dios es Amor, me hizo por Amor y por Amor quiere amarme y que le Ame, dejando atrás para siempre todo aquello que me hace frágil como persona.

Dios, a través de Cristo, revela el hombre al hombre (Encíclica Redemptoris Homini, Juan Pablo II, 1) y le muestra su llamado, su vocación: estamos llamados a ser Hijos de Dios y a construir la civilización del Amor.

miércoles, 16 de julio de 2008

Dios y el amor entre una mujer y un hombre

Dios es Amor. Al crear al ser humano, los creo varón y mujer (Gen I, 27). Quiso que pudiera desarrollarse una relación de amor entre ambos, reflejo del amor de Dios mismo: incondicional, transformador, enriquecedor, pleno. Quiso que de ese amor se generara la familia, "célula humana esencial donde el amor vive y se multiplica sin cesar" en palabras de Juan Pablo II. Y como conoce la naturaleza humana, al hacerse Hombre dió un regalo más: el matrimonio, canal de gracias para hacer posible que la fuente de todo fuera el amor de Dios.


Si es así, ¿por qué tantos matrimonios fracasan? Porque las parejas no creen en el matrimonio. Se ha convertido más en un evento social que en la celebración de la unión entre hombre y mujer para siempre. No creen sinceramente en el "para siempre". No "usan" de la fuente de gracia en la forma en que fue diseñada por Dios. No hacen de Dios la fuente de su amor, sino el amor humano. Y son matrimonios nulos, en tanto sacramento. ¿como puede ser válido como sacramento si al recibirlo no se está de acuerdo con su sentido, o no se conoce?


Si es un sacramento, ¿entonces los que no son cristianos no pueden vivir plenamente el amor entre hombre y mujer? En absoluto. Los cristianos recibieron ese don especial, pero no para ser una especie de "clase privilegiada" y único modo de plenitud en el amor, sino para ser testimonio, apóstoles. Por eso el matrimonio es una vocación cristiana, tanto como el sacerdocio o la vida consagrada. Pero todos pueden, independiente del credo religioso, acceder a esa plenitud del amor entre un hombre y una mujer.

Hay miles de formas de llevar a cabo una relación de amor entre hombre y mujer, y todas están al alcance de las personas para que elijan el camino que quieren. Pero Dios mismo creó un camino, para el que desee tomarlo. Entre varias alternativas - válidas - Él tiene una elección, algo así como el "best buy" de las tiendas de Internet. Y como creó al hombre y a la mujer, y es Dios, parece razonable pensar que es el mejor invento en el Universo para que el amor se desarrolle en plenitud.

El sacramento es para los cristianos, pero el "invento" de Dios es universal, y tiene incluso los mismos efectos del sacramento para los no cristianos, bajo tres premisas:

1) Que la relación esté centrada en Dios como fuente de Amor. Fallan las relaciones basadas en una simple suma de egoísmos. No llegan a la plenitud las relaciones donde la fuente del amor es el amor de los dos exclusivamente, donde cada uno aporta a la relación el don de sí mismo. Hay quienes piensan que la forma saludable de pareja es aquella en la cual cada uno trae lo mejor de si mismo, aportando de esa manera un espacio desde donde construir un amor creciente. Eso funciona. Pero no puede llegar a la plenitud del Amor porque al no tener a Dios como fuente, necesariamente está limitado a la persona, que junto con traer lo mejor de sí mismo trae también lo negativo, lo quiera o no, porque es un ser humano, limitado y falible. Es capaz de dar y darse de acuerdo a la información que tiene de sí mismo y de su pareja, pero no tiene "toda" la información, que reside solamente en el creador del amor, es decir, en Dios.

2) Que la relación sea exclusiva. El amor conyugal es personal e indivisible. Si no es exclusivo, simplemente no funciona. Será otra cosa, llámenla como quieran, pero no es amor entre hombre y mujer. Y es lógico: como la fuente es el Amor de Dios, tiene su misma naturaleza. Y el Amor de Dios a la persona y de la persona a Dios o es exclusivo, o no funciona. No se puede amar a varios dioses. Dios ama a cada uno como si fuera la única creatura del Universo, a quién creó y destinó a la felicidad que solo es plena en comunión con Él, y solo con Él. El Amor de Dios es siempre fiel, y así debe ser entre hombre y mujer. Una relación entre hombre y mujer es plena solo en la medida en que es exclusiva.

3) Que la relación sea para siempre, y que al comenzar la relación, exista ese compromiso y se renueve constantemente, a pesar de las dificultades que puedan surgir. Para llegar a plenitud, para estar comunicado totalmente con Dios y tener a Dios como fuente, debe compartir también la naturaleza eterna de Dios, quien no nos ama "hasta cierto tiempo" o solo "en determinadas circunstancias". Lo hace incondicionalmente. Cuenta y sabe que la relación entre dos personas humanas necesariamente debe pasar por dificultades. Y ahí está para que se puedan superar, mientras se esté en unión con El. Con la superación de las dificultades y los roces, ambos crecen, y como se superan con amor, ambos hacen más pleno el amor entre ellos.

Un amor entre hombre y mujer basado en esas tres premisas lo puede todo, lo conquista todo. Transforma al hombre y a la mujer, y les hace dar lo mejor de sí mismos. Entonces también se cumple que cada uno trae lo mejor a la relación, y se enriquece continuamente.

Este camino es duro porque supone dejar a un lado el egoísmo. Pero no es difícil cuando realmente Dios está en el centro de la relación. Entonces se puede "querer a concho" con confianza, y tener un espacio que es fuente de alegría y paz duradero.

El enemigo de la felicidad del ser humano - el diablo - intenta por todos los medios que esto no suceda. Lamentablemente, le está yendo bien últimamente. Ataca al hombre y la mujer por igual en el mismo frente: el miedo, que mina la confianza en Dios y en definitiva destruye la relación. Miedo a perder a la persona a la que se ama. Miedo al futuro porque no está todo arreglado. Miedo al compromiso de por vida. Miedo a no poder vivir con los defectos del otro. Miedo a que la otra persona no lo quiera a uno "como quiere ser amado" (como si eso fuera un derecho: cada cual ama como puede, y el otro tiene que ver si eso le llena o no). Miedo a hablar las cosas que separan, a tiempo. Miedo a no perturbar la relación, dejando pasar cosas hirientes que quien las hace no es consciente. Miedo a tener opiniones discrepantes. Miedo a ser uno mismo, intentando ser inútilmente lo que el otro quiere que sea... siempre miedo. Y como dice el Maestro Yoda, el miedo conduce la ira, y la ira al odio, y el odio al lado oscuro de la fuerza... y la relación se rompe.

Confiar en que el amor por otro basado en el Amor de Dios puede superar todos los miedos es lo que permite una vida plena y el desarrollo total del amor que Dios quiere entre un hombre y una mujer.

martes, 18 de marzo de 2008

La diferencia entre el cristianismo y las demas religiones

Buda fue una persona que desarrolló una forma de pensar, que con el tiempo derivó en una religión. Otro tanto pasó con Confucio. La mayoría de las religiones asiáticas tienen un mentor. La mayoría de ellas son de tipo “panteísta”, es decir, creen en una verdad que, al ser la suma de las verdades es superior en sí misma a sus sumandos. En algunos casos, es un estado de la persona (Nirvana). En otros casos, un incorporarse a una universalidad que incluye a todo pero a la vez es distinto de todo porque es todo. No hay un Dios personal, aunque sí una noción de universalidad distinta de sus elementos.

Mahoma fue una persona que se erigió en Profeta de Dios. Dijo que recibió la doctrina que predica directamente del Arcángel San Gabriel, la cual plasmó en el Corán. Predica la sumisión (Islam) de la persona a Dios. Cree por tanto en Dios, el mismo de los judíos y de los cristianos. Creen que Jesucristo fue también un Profeta (Jeschua ben Miryam) y que Dios lo resucitó de entre los muertos, pero lo consideran inferior como tal a Mahoma.

Los judíos no tuvieron un hombre como origen de su religión, sino Dios mismo, Yahvé de los Ejércitos, que se reveló a su pueblo y le escogió dentro de todos los pueblos de la Tierra para que mantuviera las creencias que entregó al más importante de sus hijos, Moisés. El único ser humano que hablaba con Dios cara a cara, y que escribió o inspiró directamente los 5 primeros libros del Antiguo Testamento, el Pentateuco de los cristianos y la Toráh de los judíos.

El cristianismo se basa en cambio en Cristo, y es la única de las religiones de la Tierra que manifiesta que su Fundador es Dios mismo hecho hombre. Verdadero Dios y verdadero hombre, un personaje histórico que vino al mundo a salvarlo de su pecado original y a revelarle a Dios uno y trino. La diferencia esencial está en eso, porque nuestra Fe dice que ese Jesucristo, crucificado y resucitado, es Dios mismo.

Ninguna otra religión pone a Dios mismo como hombre. O es a través de un hombre normal, o es directamente a través de Dios. Jesucristo aparece así como un ser casi mitológico, sacado del Olimpo, mitad Dios y mitad hombre. Solo que no es así. No es “mitad” hombre o Dios: es totalmente Dios y totalmente hombre. Es más: la religión cristiana es la única en la cual su Fundador dice expresamente de sí mismo que es Dios hecho hombre (el Mesías, el Ungido, que aún esperan los judíos). Fue por esa razón y no otra por la que fue condenado a la Cruz.

Dos de las primeras grandes herejías por las que pasó el cristianismo se refirieron precisamente a ese aspecto. Arrio (280-336) fue 
un sacerdote de Alejandría que negaba que Cristo fuese Dios. El y sus seguidores (los arrianos) creían que Cristo era un demiurgo, una especie de divinidad intermedia, pero no Dios mismo. Eutiques (378-454), por su parte, manifestaba lo contrario: que en Cristo había solo una naturaleza, la divina (monofisismo). Ambas herejías fueron rápidamente condenadas por la Iglesia, pero a pesar de los siglos que han pasado desde entonces, han resurgido bajo diversas filosofías y creencias.

En los años 60 – y hasta ahora – volvió con fuerza la idea del Cristo-hombre, una especie de revolucionario del Siglo I, un adelantado de los hippies. Luego fue el fenómeno de Jesucristo “súper estrella” que no era ni revolucionario ni hippie, pero desde luego un hombre desconcertante que se creía “todo el ruido ese de Dios”, como lo proclama Judas en la canción inicial de la película:

“Jesus!
You started to believe the things they say of you
You really do believe this talk of God is true
And all the good you’ve done
Will soon be swept away
You’ll began to matter more than the things you say”

Has comenzado a creer lo que se dice de ti
Realmente te crees toda esa habladuría de Dios
Y todo el bien que has hecho
Pronto será barrido
Haz comenzado a importar más que las cosas que dices

Claro, con ese enfoque, ¿que tiene de raro que luego los autores se pregunten quien es ese Jesús, quién se cree que es, y qué es lo que ha sacrificado? Y ponen por boca de Judas – que ya se ha ahorcado y vuelve del más allá a preguntarle a Jesucristo sus grandes dudas – dichas preguntas:

Jesus Christ, Jesus Christ,
Who are you, what have you sacrificed?
Jesus Christ, Superstar
Do you think you are what they say you are?

Jesucristo, Jesucristo
¿Quien eres? ¿Qué has sacrificado?
Jesucristo, Jesucristo
¿Crees que eres lo que dicen de ti que eres?

Y sin embargo, la verdad es esa: Jesús es Dios. Claro, es una verdad incómoda, que a muchos les desagrada. Porque, con buena lógica, si Jesús es Dios, ¿qué queda hacer sino hacerle caso, creerle y llevar el tipo de vida que nos dice que hay que llevar? Así pues, es más cómodo y conveniente poner en duda la divinidad de Jesús. Así, podemos seguir eternamente discutiendo acerca de lo que dijo e hizo, y los motivos por lo cual lo hizo o dijo, y las interpretaciones de lo que hizo o dijo, pero nunca nos sentiremos compelidos a actuar en consecuencia. Total, si fue "solo un hombre", por muy espectacular que fuera, ¿por qué iba a tener que moldear la vida de personas tan alejadas en el tiempo y en lo geográfico? ¿cómo es que no vino en pleno Siglo XX, donde su mensaje habría sido un fenómeno de masas? Lo vuelve a cantar el mismo Judas en la canción antes dicha:

Why you chose such a time and such a strange land?..
Israel in 4BC had no mass communications!

¿Por qué escogiste una época así y una tierra tan extraña?
¡Israel no tenía medios de comunicación masivos en el año 4 A.C.!

Preguntas que se hacen bajo una aparente inocencia de quien “solo quiere preguntar”:

Don´t you get me wrong (bis)
I only want to know (bis)
Jesus Christ, Jesus Christ,
Who are you, what have you sacrificed?
Jesus Christ, Superstar
Do you think you are what they say you are?

Y que hacen a la postre que cualquier religión de lo mismo, como se desprende de otras preguntas de Judas en la misma canción:

Tell me if Buda is where he’s at,
is he where you are?
Could Mahomet move a mountain
or was it just P.R. ?

Dime si Buda está donde dice,
¿está donde tú estas?
¿Podía Mahoma mover una montaña
O solo era publicidad?

No quiero con esto criticar a Andrew Lloyd Weber ni a Tim Rice. Muy por el contrario, después de mi primera reacción de rechazo al escuchar esta Opera Rock cuando salió en 1971 (al fin y al cabo, soy católico y amo a Cristo) me di cuenta que ese espíritu escéptico de “Jesus Christ Superstar” era un signo de los tiempos: en eso había acabado, respecto de la religión cristiana, la “revolución del 68”, que puso todo en cuestionamiento, y cuyos efectos perduran hasta el día de hoy. Y a eso conduce si uno no se cree, de verdad, que Jesucristo es Dios hecho hombre. Si no, efectivamente cabe preguntarse: ¿quién eres tu? ¿qué has sacrificado? ¿no eres acaso un hombre como lo fue Buda o Mahoma? Y claro, si Jesús es “solo” un hombre... ¿cómo poder amarlo? Porque por otro lado, un hombre que muere tan atrozmente por nosotros... asusta ese Amor, a menos que reconozcamos en Él el Amor de Dios. Así le cantan Magdalena y el mismo Judas en la película, éste antes de suicidarse:

I don’t know how to love him...
He’s a man, he’s just a man…
He scares me so!

Yo no se como amarle…
Es un hombre, sólo un hombre
¡me asusta tanto!

Lo triste de este enfoque es su pobreza y su desesperanza. Se pierde por completo la más dulce experiencia para el alma, el intelecto y las potencias del ser humano: el Amor de Cristo, que es el Amor de Dios. El Amor de una persona que a la vez es Dios, y que vive aún, como Dios y como hombre, aunque no lo veamos sensiblemente – privilegio solo de almas muy cercanas a El.

La secuela inmediata de esa actitud es el escepticismo respecto de todo, y la búsqueda de la felicidad donde no existe: el placer, las drogas, la posesión de las cosas, el hacer lo que le venga a uno en gana... todavía no conozco a ¡ni uno! que sea feliz con eso. Sin embargo, sí que conozco a ¡muchos! que son felices porque creen en Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Redentor del hombre, Camino, Verdad y Vida. ¡Que hermoso es lo que dice Juan Pablo II comentando el Primer Misterio de Gloria!:

“Si: ¡Cristo vive! Está en nosotros, portadores de gracia e inmortalidad. Si habéis encontrado, pues, a Cristo ¡vivid a Cristo! ¡vivid con Cristo! Y anunciadlo en primera persona, como auténticos testigos: para mi, la vida es Cristo”

Esa diferencia es pues, la más importante, la que nos permite decir que la nuestra es la verdadera Fe: porque Jesucristo es Dios y es hombre, que no miente respecto de sí mismo ni de las verdades últimas. Que estuvo entre nosotros, nos redimió de nuestros pecados, subió a los cielos, y nos espera allí, después de ayudarnos en la Tierra para llegar a El y ser felices, aquí y en la eternidad. Y como demostración definitiva de que es así, nos dijo antes de subir a los cielos: “Yo estaré entre vosotros hasta la consumación de los siglos”. Dos mil años después, ahí está su Iglesia, tal y como la fundara: la misma Fe, los mismos sacramentos y el mismo camino hacia el cielo. A pesar de los pesares, ninguna, ¡ninguna! organización humana ha sido capaz de sobrevivir como la Iglesia católica, lo que demuestra que no es humana, sino que está fundada en Cristo, que es verdadero Dios, además de ser verdadero hombre.